Leandro Santoro se quedó sin nada

Hay un frase que dice “Nunca confíes en nada que nazca a partir de una traición”. Y de esto puede dar fe el actual Presidente Alberto Fernández que dejó con las manos vacías a Leandro Santoro quien años atrás abandonó a su partido y se convirtió en Kirchnerista.

Y es que desde que Leandro Santoro se hizo ultra K, defendió la gestión de Néstor y Cristina Kirchner en cuanto canal de televisión, radio y diarios existían, y fue una característica del hombre defender a todos los “Kumpas” en forma contundente.

A esto hay que sumarle la amistad que une a Leandro Santoro con Alberto Fernández, al que el radical, devenido en K, conoció en Twitter y café mediante se surgió una amistad sobre la que muchos apostaban.

Pero nada de eso sucedió. Ya que unos meses antes de asumir la presidencia, por cuestiones de agenda se supone, Alberto dejó de frecuentarse con Leandro Santoro y los “amigotes” tomaron distancia.

La última vez que se vieron fue el 14 de noviembre. Santoro no entendió porque fue borrado del mapa. Inclusive se alejó de las cámaras. La última nota que dio fue el lunes 2 de diciembre cuando participó como invitado de Intratables, por América.

Lo cierto es que lo que tanto esperaba Leandro Santoro, esto es que luego de mucho trabajar y dar la cara por los Kumpas, llegara el tan ansiado cargo en el gobierno de su amigo Alberto, no sucedió y ahora está desaparecido y no se lo ve por ningún lado.

Tal vez lo que sucedió con Santoro es que los K le abrieron las puertas mientras fue un tonto útil que los defendía en los programas de TV, pero de ahí a darle un cargo es otra cosa, porque parece que eso lugares son para los Kumpas de la primera hora y para la gente de confianza.

Porque después de todo el que traiciona una vez, traiciona dos veces. Y ¿Quien puede confiar en un tipo que hizo lo que hizo Santoro cando traiciono a su partido y se fue con los K?

Así que la traición a Leandro Santoro no le pagó bien, y tal vez ahora se esté arrepintiendo de haberse pasado al Kirchnerismo donde pareciera que nadie lo quiere ni lo tiene en cuenta.