Lo que muchos piensan sobre las Madres y no se animan a decir

El dolor que una madre siente al perder a un hijo, es con certeza absoluta y sin necesidad de pruebas ni mayor razonamiento, lo peor que un ser humano pueda sentir. Porque siendo uno de los propósitos de la existencia, perpetuarnos a través de nuestra descendencia, como especie y como seres con sentimientos, al perder al hijo se pierde toda razón de ser, de existir, de vivir.

Un dolor así, debieron sentir las Madres de la Plaza de Mayo, cuando perdieron a sus hijos, desaparecidos o muertos, y luego iniciaron su penoso andar: recuperar a sus vástagos, o al menos, saber de su suerte final.

Sin embargo, el tiempo todo lo transforma, y aún lo deforma. Una vez concluida la dictadura, encarcelados los responsables y de alguna forma obtenido un cierre respecto del destino de la mayoría de los desparecidos, otros propósitos ocuparon el lugar de los originales, en una forma extraña y no exenta de duda y polémica.

Gestionar una Universidad, o dedicarse a la construcción de viviendas, son sin duda acciones que podrían llegar a tener un impacto social de gran magnitud, si están bien planificadas y mejor ejecutadas. Pero son actividades altamente especializadas y además demasiado distintas entre sí.

Hebe de Bonafini –favor no mencionar a Macri delante de ella para evitar una cascada de profanidades-, sigue siendo la líder de la organización de Madres de Plaza de Mayo, y entró en arenas movedizas, por decirlo de un modo amable, con resultados nada menos que sinceramente desastrosos.

No necesariamente se habla de los resultados que pudo o no haber tenido; a veces el camino que se sigue y los atajos que se toman, son tan importantes cuanto el destino final. La falta de transparencia en el uso de los fondos provistos por el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, dieron por tierra con la credibilidad y la simpatía de muchos argentinos, hacia las señoras de pañuelos blancos.

Y es que cuando se mezcla algo tan limpio y puro como el amor de una madre por su hijo, con la política y los dineros públicos, el resultado puede ser como el de mezclar agua con aceite: simplemente, un grupo de madres que buscaban a sus hijos desparecidos, no tiene nada que ver con construir casas o centros de estudios superiores, con fondos del Estado. Ambas cosas no deben mezclarse.

Sentimientos encontrados, contradictorios, hacia estas señoras, definitivamente. ¿Debe el respeto al dolor de la madre que perdió al hijo, permitirle incurrir en actividades que, siendo que no son de su competencia, puedan hacerlas incurrir en ilícitos? ¿El objetivo sagrado que las reunió, les ofrece ya desparecido, carta blanca para proceder incluso en contra de la ley? Y en síntesis final, ¿deben las Madres de la Plaza de Mayo continuar dedicándose a más cosas que sufrir su doloroso duelo? O ¿En nombre del dolor se puede hacer casi cualquier cosa? Juzgue Ud., estimado lector.

Rubén Darío Sarmiento