Peronistas se manifestaron en la Linea B del subte

Un interesante video está circulando estos días por las redes sociales, en el marco de la asunción del nuevo presidente Alberto Fernández. En él se puede observar a lo que aparentan ser sindicalistas obesos tocando el bombo, haciendo cánticos de cancha, y espantando al resto de los pasajeros que intenta viajar en calma.

La filmación pertenecería a la Linea B del subte de la Ciudad de Buenos Aires. Al haber sido invadido el habitáculo por las masas peronistas que realizan danzas trivales, el resto de las personas se va corriendo para dejarle lugar a la militancia pesada que salta al son de “Ooooohhh Macri ya se fue, ya se fue, ya se fue, Macri ya se fue”.

Mientras tanto un par de pasajeros filma la grotesca escena con sus teléfonos. A continuación podés ver el video:

El momento se habría vivido en la antesala de la asunción de Alberto Fernández, a la que asistieron cientos de miles de militantes que llegaron de todo el país. No hay nada de malo con manifestarse políticamente, pero el problema surje cuándo invadimos el espacio de los demás.

Por las caras de la gente que ocupaba los asientos del subte y cómo salen despavoridos, se nota que no todos disfrutaban del singular espectáculo que brindaron los peronistas. Sin embargo, con cierta resignación, nadie dijo nada. Nadie se queja, nadie levanta su vos para pedir un poco de silencio y respeto en un transporte público que supuestamente es de todos.

En países como Japón, contestar una llamada dentro de un tren es considerado de mala educación, ya que se viaja estrictamente en silencio para que aquellas personas que deciden dormir, leer, o escuchar música (siempre con auriculares) puedan hacerlo sin molestias. Pero en Peronia nos hemos acostumbrados a tener que soportar ruidos y olores que en lugares más civilizados serían inadmisibles.

Hay quienes defienden éste actuar alegando que cada persona está en libertad de hacer lo que quiera, siempre y cuándo no rompa la ley. Pero tenemos que recordar que la libertad de uno termina dónde empieza la de los demás, e incluso aquellos que apoyan a Alberto Fernández deberían tener la empatía necesaria para criticar éste tipo de actitudes.