El universo del espectáculo y las tablas locales suele ser testigo de grandes pasiones, pero pocas veces la tensión tras bambalinas desborda de tal manera que el arte queda completamente de lado para dar paso a un escenario de violencia inusitada. Cuando las diferencias profesionales o los roces de convivencia entre los integrantes de una compañía teatral cruzan la línea del respeto, los camarines se transforman en un verdadero polvorín que tarde o temprano termina estallando a la vista de todos.

Sostener el profesionalismo ante el público requiere de una disciplina férrea, pero cuando el clima interno se vuelve hostil, los ánimos se caldean hasta volverse completamente incontrolables. Lo que debería haber sido una función habitual de aplausos y despliegue escénico derivó en un desborde total de nervios, donde los insultos taparon la música y la situación escaló a niveles de agresión que obligaron a un despliegue de emergencia para evitar una tragedia mayor en plena sala.
Los pasillos del complejo cultural se convirtieron en el epicentro de un tumulto ensordecedor que dejó atónitos a los trabajadores del lugar y a los pocos testigos que presenciaron el quiebre definitivo de la paz. Lejos de las habituales discusiones de cartel o desacuerdos de producción, lo que se vivió en las últimas horas fue una batalla campal cargada de agresiones físicas y verbales irrepetibles, marcando un punto de no retorno para la continuidad del espectáculo.
El monumental escándalo tiene como protagonista central a Hernán Piquín, quien protagonizó un violento episodio en el teatro que incluyó gritos, escupidas y que requirió la urgente intervención del personal de seguridad para contener los desmanes. El prestigioso bailarín se habría sacado por completo tras un fuerte cruce con un integrante de su entorno, desatando una furia ciega que empaña por completo su temporada y deja a la producción en una situación de extrema alarma ante la gravedad de los hechos denunciados.