Hay momentos en los que el relato oficial se resquebraja por el peso de su propia hipocresía, y la realidad golpea con la fuerza de un camión de frente. El aire en la mesa política del Gobierno se cortaba con un cuchillo. Mientras las sonrisas de compromiso intentaban disimular el desastre durante el festejo de cumpleaños de Patricia Bullrich, la procesión iba por dentro.
Eduardo Feinmann lo puso en palabras sin anestesia, yendo directo a la yugular de un escándalo que ya no se puede tapar con las manos.
El periodista no anduvo con rodeos ni diplomacias mediáticas. Fue directo al hueso del asunto: la desesperada aparición televisiva del jefe de Gabinete para intentar explicar su patrimonio fue un suicidio político. Hablar de billeteras virtuales, criptomonedas, bitocoins justificar un enriquecimiento meteórico con supuestas movidas cripto de hace trece años y pretender que el país mire para otro lado es, para Feinmann, una bofetada a la sociedad.
«El gobierno está en una situación en que en definitiva tiene que fingir demencia y acompañar en silencio», disparó Feinmann en Radio Mitre.
El análisis del periodista expone el drama de un oficialismo paralizado por el espanto. Ya no hay tuits de apoyo masivo, no hay fotos de camaradería, ni una sola palabra de Javier o Karina Milei. El vacío es total. El silencio gubernamental no es prudencia; es el síntoma inequívoco del sálvese quien pueda ante una situación que el propio Feinmann describió como dramática: «Algunos en el gobierno dicen que esto no tiene salida y va a ser cada vez peor la situación de Adorni si no renuncia».
Mientras las internas hierven y se ve a una Patricia Bullrich «dura, dura, dura» contra el jefe de Gabinete, la verdadera tragedia se vive en la calle. El periodista tocó la fibra más sensible del drama actual al advertir el divorcio absoluto entre la defensa técnica del funcionario y el sufrimiento de la gente: «Ha subido mucho el nivel de indignación social; ha provocado ira en la población». En un país asfixiado por el ajuste, el espectáculo de un ministro justificando millones bajo la mesa es combustible puro.

Para Feinmann, el intento de Adorni de salvarse ante los tribunales entregando papeles a la Oficina Anticorrupción para frenar la avanzada de la justicia penal fue, políticamente, una declaración de quiebra moral. «Fue un desastre», sentenció. Le duela a quien le duela, el periodista desnudó la verdad que el poder intenta callar: el supuesto blindaje judicial de Adorni es, en realidad, el principio del fin de su credibilidad.
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Excelente periodista